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miércoles, diciembre 03, 2008

Otra forma de explicar mi despido

La utilizada por los sindicatos del Banco Santander -entonces BSCH- en la primavera de 2004, según publicaba el diario El País:

Los sindicatos piden al Parlamento que el banco externalice las pensiones
Los siete sindicatos con representación en el Banco Santander (CC OO, UGT, CGT, Ami, ELA, CIG y LAB) se han unido para denunciar "una brutal política de personal" que incluye que "parte de la indemnización por despido se paga con el propio fondo de pensiones del trabajador y se disfraza de baja voluntaria". Además, sostienen que las cuentas de los fondos "no coinciden con las facilitadas en la memoria". El Santander no ha querido responder a estas graves acusaciones.

"El banco ha logrado lo que ni los propios sindicatos habíamos conseguido en 15 años: la unidad de todos los representantes de los trabajadores ante su política de despidos indiscriminados", afirmó María Jesús Paredes, secretaria general de Banca de CC OO. Los siete sindicatos del grupo Santander denunciaron que el banco pretende ahorrarse cerca de 239 millones de euros al promover el despido de 700 trabajadores en vez de prejubilarlos. La entidad no quiso realizar ningún comentario a pesar de la insistencia para que respondiera.

Los sindicatos dicen que la entidad presidida por Emilio Botín ha iniciado un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) encubierto que se ha saldado con el despido de más de 130 trabajadores, cuyas salidas han sido disfrazadas como bajas voluntarias en la mayor parte de los casos. Según estas organizaciones, el banco ha abonado a cada uno de estos empleados una media de 148.163 euros, mientras que si les hubiese prejubilado, el coste medio habría ascendido a 410.834 euros.

Los sindicatos calculan que si el banco continúa esta política, se ahorrará 186,19 millones, a los que hay que sumar otros 53,37 millones que no tendrá que provisionar para dotar las jubilaciones de los trabajadores despedidos. El mecanismo empleado por el Santander, en opinión de las centrales, es siempre similar: el banco ofrece alrededor de 36.000 euros extra al empleado despedido si acepta irse como baja voluntaria. "Este dinero se financia con una parte del fondo de pensiones que tenía dotado el banco, con lo que recupera el resto de su fondo, ya dotado", según Juan Sánchez, responsable de banca de UGT. La entidad pone como condición para recibir la cantidad extra "que no se hable con los sindicatos", afirman.

Las organizaciones consideran que estos 700 despidos no están justificados debido a la buena situación del banco -que ha contratado unas 300 personas desde enero, según los sindicatos-, por lo que han denunciado la política laboral a la Dirección General del Trabajo y ante el Fiscal General del Estado. Los despedidos "suelen ser mujeres con hijos, los que se niegan a prolongar su jornada y los que tienen entre los 47 y 50 años", acusa Paredes.

Además, han preparado una campaña de movilizaciones entre las que destaca una pegada de carteles con el lema "Despido Super Satisfacción: el SCH celebra su beneficio récord de 3.130 millones de euros (en 2004) con 700 despidos". "La campaña será larga si el banco no reacciona. El SCH es una empresa socialmente irresponsable", auguran estas organizaciones.

Contabilidad diferente

Los sindicatos también se plantean pedir una reunión con el ministro de Economía para solicitarle que reforme la ley de planes de pensiones que baraja el Gobierno, provoque que el grupo Santander exteriorice sus pensiones. "Así se evitarían estas situaciones, en las que el banco se aprovecha de esta situación frente a sus competidores".

Los sindicatos criticaron además que la información, firmada por un actuario, que han recibido sobre la dotación de compromisos por pensiones del Santander no se corresponde con la que el banco pretende aprobar en la junta general de accionistas que celebrará el 19 de junio. La diferencia es de 343 millones, que, podría haber sido destinada a los seguros de pensiones de los altos directivos, según los sindicatos.

lunes, septiembre 25, 2006

Despido colectivo encubierto


"En las sociedades de nuestro mundo occidental altamente industrializado, el lugar de trabajo, constituye el último campo de batalla en el que una persona puede MATAR a otra sin ningún riesgo de llegar a ser procesada ante un tribunal". Heinz Leymmann.

He trabajado en banca desde Septiembre de 1979 hasta Noviembre del año 2003. Siempre en el superBanco*. Este informe es una denuncia pública en defensa de mis intereses.

Soy Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, y en 24 años desempeñé muy diversas tareas en la empresa. Como consecuencia de la fusión de las redes bancarias, en 2002 pedí el traslado desde Madrid a Melania*, según las condiciones de una oferta pública de traslado.

Allí conocí en el 2003 el acoso moral en el trabajo - el “mobbing”- y puedo decir que es una experiencia terrible. Para explicarlo, puedo afirmar que me he visto fielmente reflejado como una víctima más del acoso moral en el trabajo, leyendo el reciente libro del psicólogo Iñaki Piñuel “Neomanagement, Jefes Tóxicos y sus víctimas”.

Según este Psicólogo del Trabajo y de las Organizaciones, “mobbing” es el continuo y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un trabajador por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con vistas a lograr su aniquilación o destrucción psicológica y a obtener su salida de la organización a través de diferentes procedimientos.

En la primavera del 2003 ya se me había relegado profesionalmente. Así las cosas, solicité un nuevo traslado.

De la falta de respeto personal se pasó a la intromisión en la vida personal y al ninguneo profesional; se creó un ambiente de trabajo hostil, se me encomendaron tareas de inferior nivel profesional y se practicó la movilidad geográfica indiscriminada por la isla, como a un empleado recién contratado a una ETT. en funciones de cajero.

Siempre hay trabajadores dispuestos a colaborar en este juego de acoso y destrucción.

El 29 de Octubre de ese año me citaron a Pirra* para comunicarme que, después de 24 años en el banco, ya no se contaba conmigo, era caro, bajo rendimiento, había mezclado lo personal con lo laboral,... En fin una retahíla de argumentos para coaccionar, amenazar, presionar psicológicamente; siempre dirigidos a la persona que ven más débil anímicamente.
No presentaba el perfil que la empresa necesitaba, ya era desechable.

Me presentaban dos alternativas: me darían un dinero para una salida pactada, ligeramente superior a los 45 días por año trabajado, y la amenaza de una carta de despido. En ese momento no se concretaron los motivos del despido; yo me enteraría cuando recibiese la carta.

Ellos jugaban con los efectos producidos por el acoso moral al que me venían sometiendo en la oficina, el desgaste psíquico y la depresión, la falta de apoyo emocional en mi entorno personal. Nunca hubo una comunicación formal de falta laboral, ni leve, ni grave.

Visité a un abogado del bufete de Sagardoy, en Madrid, y me convencí de que lo conveniente era la solución “pactada” ya que la alternativa del juzgado y una sentencia con la declaración de despido improcedente supondría mayor presión psicológica y obtener menos indemnización.

En CGT Madrid se interesaron ante la empresa y me indicaron que ellos no “negociarían” por mí. Mi situación era atípica en aquel momento, incluso para los sindicatos.

Volví a Melania*, y durante varios días recibí las llamadas del director regional de RR.HH. y la presión psicológica y amenazas que convenían al caso, hasta fijar la cantidad por la que me habría de ir. No había alternativas.

Recibí una carta de despido fechada el 12 de Noviembre – en situación de baja laboral por depresión -, y un finiquito del contrato de trabajo en el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación de Melania*, intervenido por el correspondiente funcionario público y fechado el día 28 de Noviembre de 2003. Todo fue rápido.

Era consciente de que dejaba en el banco sin movilizar ni hacer efectivos mis derechos por pensiones, y a cuatro años vista de una presumible prejubilación.


* el superBanco puede ser el Banco Santander Central Hispano, las ciudades toman nombres de Las Ciudades Invisibles, de Italo Calvino.